sábado, 24 de mayo de 2014

Sobreviviente en el alteo del km. 55 Ruta 86


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“Al ingreso al alteo había un gran pozo, no lo pude esquivar y el auto salió de la ruta… voló! Sí, como el Auto Fantástico, arrasó y rompió el guard-raid y caímos al agua. Por suerte no volcamos, e instintivamente con una mano destrabé el cinturón de seguridad y con la otra la puerta… El portón del baúl se abrió con el golpe y el agua entró en segundos” adentro del habitáculo del vehículo en el que viajaba.
El testimonio corresponde a Emma Iparraguirre, una de las sobrevivientes de los tantos choques y vuelcos que tuvieron lugar en el alteo del kilómetro 55 en la ruta 86. Protagonista del segundo o tercero de los 16 accidentes automovilísticos registrados allí, por el que tanto se reclamó antes de que murieran tres vecinas de Olavarría.
Emma Iparraguirre sigue las alternativas de trabajo en el alteo, y no puede evitar indignarse por la lentitud que la empresa constructora ha demostrado hasta ahora. Además, durante la entrevista se refirió al ingeniero Daniel Alfredo Arano jefe del Departamento Zona XII de Vialidad de la Provincia de Buenos Aires. “Mintió al elevar el informe al Ministerio (de Infraestructura bonaerense), las señales a las que se refiere las colocó al día siguiente de mi accidente, el 21 de Enero”, aseveró.

Veinte años manejando por la misma ruta
Radicada en Olavarría, desde hace 50 años Emma Iparraguirre veranea en Necochea. “Hace 20 años que voy y vengo manejando yo todos los veranos. Esa ruta no me es desconocida, la conozco muy bien”, expresó la entrevistada.
El accidente fue el 20 de Enero de 2013. Con la mente puesta en el objetivo, que era disfrutar algunos días de vacaciones, preparó su auto. La hija, su amiga y una perrita inseparable de la familia ocuparon su lugar en el vehículo. Se organizaron para viajar de la manera más cómoda posible. Emma al volante, la amiga de su hija adelante. Atrás lo hicieron la hija y la perrita, atada para prevenir cualquier inconveniente.
La temperatura era más que agradable, se vistieron livianas y de ojotas. “Yo me puse alpargatas porque nunca manejo con ojotas o sandalias ya que se pueden trabar con la alfombra del auto. Siempre uso zapatillas o zapatos cerrados, sin tacos. Esta es una precaución que siempre tomo desde que manejo”, recordó Emma.
A las cinco de la mañana abandonaron Olavarría. Todo era alegría por el sólo pensar de los días de disfrute que habían planificado. Nada les hacía pensar que dos horas más tarde no sólo salvarían sus vidas por milagro, sino que todo iba a cambiar en sus existencias.
“Frené en una especie de loma que hay antes del alteo. En dirección de Olavarría a Necochea ví tres carteles de color anaranjados. Sólo tres del tamaño de una señal vial normal que decían: “Reducción, entoscado…”. La verdad, reducción entoscado no me produjo nada, estoy acostumbrada a ir al campo, o en las calles de tierra, donde dice entoscado disminuyo la velocidad y listo… Aquí también lo hice, pero jamás se me ocurrió que tenía que parar a cero, poner primera y salir como si lo hiciera de un semáforo que me da paso libre”.
“Igual, habré entrado en el alteo a 50 o 60 kilómetros, como una locura, no más”.
Recordó Emma, y cuenta con fotografías que lo demuestran que “me encontré con pozo en la unión del asfalto con el entoscado. El golpe me sacó el volante de las manos, volamos como el Auto Fantástico, arrasó el guard-raid y caímos a la laguna… Por suerte no volcamos, e instintivamente con una mano destrabé el cinturón de seguridad y con la otra la puerta… El portón del baúl se abrió con el golpe y el agua entró en segundos” adentro del habitáculo del vehículo en el que viajaban.
“Salí lo más rápido que pude del auto, creo que inmediatamente… sentí el piso fangoso, resbaladizo casi no podía caminar… si bien el agua no me tapaba, fue mejor nadar porque el fango te hundía”.
En medio de la desesperación, la amiga de la hija “pasó hacia el lado del conductor y salió del auto” por el mismo sitio que lo había hecho Emma.
El auto cayó inclinado hacia la derecha y en segundos comenzó a llenarse de agua el habitáculo. La posición hizo más comprometida la salida de la hija de Emma, que, no dudó en distraer el tiempo necesario para desatar a la perrita, la que sacó alzada hasta que pudo subir a la ruta.
“Dios nos amparó de que no hayamos tenido golpes fuertes. En mi caso, el raspón del cinturón de seguridad porque iba con una remera solamente”, recordó la entrevistada.
A unos 100 metros del lugar del accidente había una camioneta. “Estaba un hombre solo, que fue el primero que nos dio la mano para que pudiéramos salir por las piedras, y pusimos a la perra en la caja de su camioneta… luego pasó el colectivo “El Rápido”, el chofer abrió la puerta y nos preguntó si necesitábamos algo… varios meses después volví a ver al chofer…”
Mientras comenzaron a detenerse otros vehículos, alguien se comunicó con gente de La Dulce. “No sé con quiénes hablaron, pero después vino la Policía, los Bomberos y una ambulancia… Mi otra hija que viajaba en otro auto detrás del nuestro, se quedaron en el lugar con la perra, y a nosotras nos trasladaron a La Dulce, a la Salita Sanitaria. De allí, mi hija y su amiga fueron derivadas al Hospital (de Necochea) para tomarles radiografías… yo no quise ir, quería hablar con el intendente del lugar, pero después me enteré que había una delegada. La verdad, en ese momento no tenía noción de dónde estaba”.
Sin que nadie pudiera detenerla “caminé desde la Salita hasta la casa, la busqué y la encontré (a Fátima Rodríguez), me trató muy bien, y además recibí mucha contención por parte de los bomberos… nos dieron ropa seca y las primera atenciones”.
Muchas horas de labor tuvieron los bomberos para rescatar el auto de la laguna. No había manera de tomarlo, hubo tres intentos hasta que pudieron sacarlo, sin las ruedas delanteras. La destrucción fue total… Nadie se hizo cargo.
“Arano (responsable de Vialidad en nuestra región) dijo que estaban los carteles… mínimos carteles que nada hacían suponer lo que pasaría. Estuvo el día del accidente. Llo hizo porque dos días antes se había caído una camioneta en el mismo lugar, pero para el otro lado del alteo; el sábado hubo dos choques, y el domingo a las 7 de la mañana caímos nosotros”. Cuatro accidentes en menos de 48 horas.
“No se hizo cargo de nada, sólo me dio la dirección de Vialidad en la Provincia y el teléfono de ese despacho para que hiciera el descargo en ese lugar… por suerte mi hija sacó fotos del pozo, del auto, de la huella que dejó al caer el auto en el agua”.
Pasaron las horas, y las secuelas del accidente fueron creciendo. “Salí a comprar un par de zapatillas porque las que tenía puesta no sirvieron más, y me perdí a la vuelta de mi departamento en Necochea. Hace 50 años que lo tenemos, en calle 85… miraba los edificios y no los conocía, no podía darme cuenca dónde estaba… el shock emocional fue terrible”.

Los polémicos carteles
Emma Iparraguirre aseguró durante la entrevista que el ingeniero Arano “mintió al elevar el informe al Ministerio (de Infraestructura bonaerense), las señales a las que se refiere las colocó al día siguiente de mi accidente, el 21 de Enero”.
Recordó que volvió a viajar desde Olavarría a Necochea y lo hizo en colectivo. Al llegar al alteo fue hasta la cabina del micro para observar con detalles que carteles se habían colocado. Entonces advirtió que el chofer de ese momento era el mismo que detuvo la marcha el día del accidente para ofrecer ayuda. “Fue el que vio a mi hija caminando por el agua al salir de la laguna, y él sabe cómo y cuando se pusieron cada señal de tránsito porque en verano pasaba cuatro veces por días”.
Iparraguirre tiene en su poder las pruebas y números de expedientes necesarios para corroborar cada una de sus aseveraciones. Mientras tanto sigue sufriendo porque las secuelas fueron grandes. Recién se está animando a manejar de nuevo. “Tengo que ir a Necochea, pero sola no me animo… Tengo que encontrar a alguien que me acompañe. No sé que puedo sentir al pasar manejando por ese lugar… quizás llore”.

lunes, 5 de mayo de 2014

Rutas bonaerenses: explicación sin sustento

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El ministro de Infraestructura bonaerense, Alejandro Arlía, dijo que la demora en el arreglo de las rutas provinciales se debe a que “la devaluación había producido un ajuste en los valores y, a raíz de esto, se tuvieron que hacer nuevamente las licitaciones”.
Arlía hizo estas manifestaciones en el transcurso de una reunión que mantuvo con integrantes de la Mesa Agropecuaria, entre los que estuvieron presentes los representantes de las diferentes entidades de la provincia de Buenos Aires, indicó el diario La Posta del Noroeste, en su edición del 3 de Mayo de 2014.
Las manifestaciones del funcionario del gabinete del gobernador Daniel Scioli no tienen sustento de ninguna manera, porque el reclamo por los arreglos o construcción de rutas bonaerenses no son nuevos, aunque sí, los argumentos que esgrimen desde el Ministerio de Infraestructura es siempre el mismo.
En declaraciones a La Posta del Noroeste, el titular de Carbap, Horacio Salaverry, que participó de la reunión, dijo que “Arlía nos dio garantías de que el dinero para las obras está”, pero también reconoció que el plan presentado por el ministro Arlía “ya han sido presentados en otras oportunidades y lo único que pareciera ser distinto es que dicen que la Provincia tiene un fondo fiduciario, que ya se hacía también, que se genera con un aporte del 10 por ciento de la recaudación de las patentes. Esto es lo único que nos da una expectativa distinta. Pero nada más que eso, son expectativas nada más… A esta película ya la vimos varias veces”, concluyó el dirigente.