lunes, 10 de octubre de 2011
Fernando Bravo en Necochea
¿Qué pasó con la droga desaparecida en el Juzgado?
El silencio por parte de las autoridades se suma a los comentarios cargados de sospechas. La falta de información no hace más que acrecentar las dudas sobre lo ocurrido. Hay que tener en cuenta que el faltante no fue en cualquier lugar, sino en el mismo sitio donde se debe impulsar la investigación de ilícitos cometidos en la órbita federal. Para algunos memoriosos, conocedores de los movimientos habituales del Juzgado, no pasó desapercibido que los funcionarios que ahora deberían prestar declaración para deslindar responsabilidades, podrían ser los mismos que en otras oportunidades aparecieron al menos nombrados en causas que tomaron estado público. En esos casos, igual que ahora, se cerraron las puertas a todo lo que se pudiera transformar en información. El tiempo se encargó de fomentar el olvido y nadie, salvo los involucrados, supo lo que ocurrió realmente. “Silencio de radio” dijeron en ámbitos policiales. Por citar un ejemplo, antes de jubilarse la primera jueza, doctora Torterola, dicen, comprobó cómo algunos funcionarios facilitarían expedientes a abogados que defendían a involucrados en esas causas. Ello motivó la expulsión del Poder Judicial de quienes aparentemente participaron de las maniobras prohibidas. Avalados por algún padrino político, cuando se produjo el retiro de la magistrada, los sospechosos volvieron a sus cargos. Estos integrantes del Juzgado Federal podrían ser algunos de los que hoy deberían dar explicaciones respecto de la desaparición de las drogas. Otro caso más reciente en el que tuvieron que declarar fue cuando participaron del allanamiento en un departamento en Villa Díaz Vélez, oportunidad en la que fue descubierto un verdadero depósito de prendas de vestir y perfumes ingresadas al país sin contar con el correspondiente sellado de Aduana. La presencia de algún medio periodístico y las imágenes exclusivas que se tomaron en el lugar no pasaron desapercibidas a los involucrados que denunciaron el supuesto tráfico de información proveniente del mismo riñón del Jugado Federal. Entonces los mismos funcionarios se encargaron de frenar todo tipo de información… igual que ahora.
miércoles, 28 de septiembre de 2011
¿Robo? en el Juzgado Federal de Necochea
domingo, 4 de septiembre de 2011
Para que Candela descanse en paz
martes, 2 de agosto de 2011
Adriana Celihueta: Justicia que ya no es Justicia

Segundo día de agosto de 2011. Seguramente es una fecha insignificativa para muchos. Pero es especial para Mimí, Carlos, Silvia, madre, padre y hermana, respectivamente, de Adriana Celihueta, la joven que hace casi 25 años desapareció en Necochea, su ciudad natal. Hoy Adriana cumple, para la Justicia que hasta ahora la da por desparecida, 54 años de edad. Pero para los familiares y seres queridos de Adriana, cumpliría porque, si bien en sus corazones quieren que esté viva, en sus convicciones, saben que es imposible.
Y no se basan únicamente en el dictado de sus interiores, sino que surge de la causa que descansa archivada en los Tribunales de Mar del Plata desde hace tantos años, pese a todo lo que aún resta investigar.
El último juez que intervino decidió que el expediente fuera guardado “hasta que surjan elementos novedosos que permitan su rescate para impulsar una nueva investigación”. Contradictora decisión: ¿si no existe investigación, cómo pueden surgir elementos novedosos?
No obstante, en la causa aún quedan muchos interrogantes que cualquier juez, por novato que sea, daría curso al menos para descartar posibilidades. Pero no, se prefirió pasarla a archivo.
Esta actitud sirvió para alimentar más las sospechas de la participación del poder político, del accionar policial, y de la complicidad de la Justicia para que el caso no se esclarezca. De hecho, algunos de los protagonistas que aparecen en la investigación están preparando las valijas porque se van a vivir a Europa. “No soportamos más que cada vez que aparezca el nombre Celihueta, todos nos miren”, dejaron trascender en una charla de amigos.
Mientras tanto el tiempo pasa, la Justicia sigue sin actuar, y los Celihueta aguardan que en algún momento ocurra “el milagro” que les permita encontrar algún vestigio de su hija. “Se me va la vida en esta búsqueda, pero a la Justicia impartida por seres humanos no le importa… la única tranquilidad que me queda, es que los responsables no podrán escapar a la otra justicia, a la de Tata Dios”, se convence día a día Mimí, al tiempo que sigue depositando una rosa blanca a la Virgen María, imagen en la que simboliza a su hija desaparecida.


